La Luna y sus mitos

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Sus ciclos, duran 28 días, al igual que el periodo menstrual de las mujeres, lo que hizo que esta tuviese una gran adoración en los cultos a la fertilidad en la antigüedad. En casi todas las culturas se le ha dado un carácter femenino, y en otras tantas un cierto componente oscuro o antagonista al sol. Por sus efectos sobre los cánidos y muchos animales, también se le atribuye el poder del cambio dentro de las bestias antropomorfas, como el hombre lobo, y a la vez, siempre se le adjudicó un carácter esotérico a la hora realizar los aquelarres y las invocaciones en las noches de luna llena.

Todas estas características, siempre han hecho ser el epicentro de muchas leyendas, pero… ¿realmente son verdad los mitos que la rodean?

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El refugio de las malas almas, de las tres parcas o de las brujas, ha sido desde luego, inspiración para muchos… Se dice que entre las montañas formadas por su orografía podemos ver una liebre, un hombre con leña al hombro o al mismísimo San Jorge con su lanza…  Aunque a día de hoy la ciencia haya conseguido eliminar muchos de estos mitos, siempre seguirá manteniendo su halo de “misterio” para los espectadores de su vecino planeta.

La brujería y la Luna

El poder de las brujas proviene de la Luna y sobre todo, del conocimiento que las brujas tienen acerca de sus ciclos. Basándose en ese calendario y en sus observaciones, las mujeres aprendieron a relacionar la constelación y la Morada Lunar en la que se producía cada luna nueva o llena, con los fenómenos climáticos y la meteorología, estableciendo así los mejores momentos para las labores recolectoras, de la caza o las agrícolas; a este conocimiento meteorológico responden los rituales pertenecientes a las religiones mistéricas agrarias como los de Eleusis, por ejemplo y las fiestas de fertilidad de la tierra oficiadas por mujeres mediante las que se intenta garantizar la llegada de la lluvia, de la primavera, o de los fenómenos naturales que sean propicios y correspondan a la estación del año. Puede que de ese conocimiento y de sus predicciones meteorológicas naciese la fama de atraer las tormentas –las destructoras, naturalmente- que alcanzaron sus herederas, las brujas medievales.

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Ya en Grecia, las mujeres tesalias tenían fama de poder “mover a la Luna del cielo”, posiblemente esta reputación sea consecuencia de que la astrónoma tesalia Aglaonike (200 a.n.e) sabía predecir eclipses con exactitud; posteriormente, ella misma, sus paisanas, o las sacerdotisas de la Luna, que no eran sino las guardianas de los misterios de la Luna y lo oscuro, serán consideradas malvadas sacerdotisas de Hécate cuya serpiente venenosa acaba matando a la Eurídice del mito de Orfeo.

Los festivales de las brujas acostumbraban a ser prácticas del despertar de la matriz, como por ejemplo las bacanales que comportaban carcajadas desenfrenadas, la danza del vientre o cualquier otra practica encaminada al aprendizaje del movimiento de las caderas, la pelvis y el útero y que implica, -como afirman las bailarinas-, que la emoción surja del vientre. Es fácil relacionar este tipo de ejercicios con las enseñanzas del yoga y del llamado “despertar de la Kundalini”, una benéfica energía de iluminación espiritual representada por una ideal serpiente enroscada en la pelvis que se va izando a través de la columna vertebral, la misma energía que representa la serpiente guardiana de los secretos, el animal mágico que en las iniciaciones mistéricas había de tragarse al postulante, digerirlo en su seno y hacerlo renacer, aludiendo a la resurrección tras la muerte; la patrona de las pitonisas –las que tenían el don del oráculo-, pasa a ser el diablo en lectura cristiana, diablo-serpiente que estará ligado inseparablemente a la bruja, que en realidad no es otra que la mujer que tiene la habilidad de despertar la kundalini. Serán estas paganas adoradoras de Diana, de la Luna o de cualquier otro nombre que adopte la Madre protomediterránea quienes, al reunirse en cuevas-úteros de la tierra para celebrar la risa, el canto, la danza, el placer erótico y la belleza de su cuerpo se conviertan en mujeres sumamente peligrosas, especialmente porque al asumir su propio poder, que será tildado de diabólico por la cultura patriarcal, se rebelan contra toda imposición socio-cultural; por eso la cultura patriarcal ha de aplastarlas desde todos los ordenes, empezando, naturalmente por la educación, creando toda una mitología, cuentos y leyendas que sean claros mensajes que graben en el inconsciente la dicotomía entre pecado y virtud, entre el bien y el mal, éste último representado por la bruja de los cuentos de hadas, la Pandora de la mitología griega o la Lilith bíblica.

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Lilith. Wikipedia.

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